. Toda nuestra historia.....................
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LA HISTORIA DE LA BANDA DE GÜÍMAR

No hemos podido averiguar aún la fecha exacta de la fundación de la primera banda de música de Güímar, siendo la más antigua referencia que de ella tenemos la que escribió don José de Olivera en su "Historia de la Música de Tenerife y con especialidad en La Laguna", inserta en su libro-diario "Mi Album", el día 27 de julio de 1859; en ella nos cuenta que en La Laguna "se organizó una banda de aficionados, bajo la dirección de D. José Darmanín, que llegó a ponerse en un pie brillante. La emulación empezó a traer sus frutos en los demás pueblos de la isla y la villa de la Orotava tuvo su banda de música militar, en lugar de la de cuerda, que antes tenía y que era muy antigua en aquel pueblo, pasando por muchas vicisitudes. Icod, Garachico y hasta el pueblo de Güímar tuvieron y tienen las suyas, en proporción de sus fuerzas y toda la isla se puso en pie de guerra musical, lo que nunca hubiera sucedido si un pueblo subalterno, como lo era La Laguna no hubiera dado el grito de alarma".

La Primera Banda

Lo probable es que dicha agrupación musical güimarera se formara con algunos años de anterioridad al mencionado 1859, pues a mediados de 1860 ya estaba completamente consolidada y recorría los pueblos de la banda sur de la isla, participando en sus fiestas patronales. Prueba de ello, la tenemos en una crónica anónima publicada en el periódico “El Guanche” el viernes 6 de julio de 1860, referida a la fiesta de San Antonio que se había celebrado en Granadilla el mes anterior, y remitida desde La Orotava por “un hijo del pueblo”, en ella se hace la primera descripción más o menos detallada de esta banda de música, que estaba compuesta por treinta miembros y la dirigía el ya mencionado músico lagunero don José Darmanin.

"Plaza de San Pedro hacia 1870. Época en que Güímar contaba con dos bandas de música."

Con respecto a los impulsores de esta primera banda, sólo sabemos que el ilustre Beneficiado de Güímar, desde hacía muchos años, Doctor don Agustín Díaz Núñez, figuró entre sus principales fundadores, pues siempre fue un gran entusiasta de la música; en los últimos años de vida le dispensó un decidido apoyo y, como recompensa, ésta lo acompañó en su sepelio, que tuvo lugar el 21 de agosto de 1866, tocando sentidas marchas fúnebres.

Lo cierto fue que la afición musical de Güímar siguió en auge, y su banda arraigaría cada vez más entre la población al amenizar las Fiestas Patronales de San Pedro y del Socorro, con mayor dedicación aún que la desplegada en Granadilla; ello motivó que la participación de dicha agrupación fuese reclamada por otros pueblos del sur tinerfeño. De este modo, terminaron las importaciones de bandas foráneas por las mencionadas fiestas de San Pedro, que hasta entonces eran las animadoras de los actos religiosos y populares que en ella se celebraban; un ejemplo de esta costumbre lo tenemos en el año 1848, en el que los encabezados convidaron a la orquesta de Santa Cruz dirigida por don Rafael Bethencourt, con motivo de dicha festividad.

GÜÍMAR CUENTA CON DOS BANDAS

Tal fue el incremento de la afición musical de la localidad en los siguientes años, que muy pronto se vio desbordada la banda pionera y se creó una segunda agrupación musical; así, Güímar ocupó desde entonces un lugar privilegiado dentro de la música de viento en Tenerife. Sin embargo, la existencia de dos bandas no trajo todas las ventajas que cabría esperar, pues la rivalidad que enseguida surgió entre ambas ocasionó graves problemas que repercutieron, como era de esperar, en perjuicio del pueblo.

"Vista parcial de Güímar hacia 1887."

Durante algunos años se mantuvieron en Güímar las dos bandas de música, de las que desconocemos sus nombres y los respectivos directores, hasta que los componentes de ambas llegaron al convencimiento de que lo mejor para el pueblo y para la afición musical que en él subsistía, era la fusión en una sola agrupación. Así nos encontramos la situación en 1883, cuando el ilustrado presbítero, oriundo del pueblo, don Ireneo González, escribió un interesante trabajo en “La Ilustración de Canarias” titulado “El Valle de Güímar”, que vio la luz el 30 de septiembre del mismo; en él nos describe los pormenores de la fiesta de San pedro y de la del socorro, que se habían celebrado en el mencionado año. En la primera, la animación principal se debió a “la bien afinada banda de música que ejecuta variadas piezas”, y que , junto con la danza, acompaña a todas las procesiones que en ella se celebran; mientras que en la segunda, el día principal de la Virgen “la procesión recorre la playa precedida de la danza y seguida de la muchedumbre y de la banda de música que también acompañó las procesiones de la víspera, y amenizó con lindas piezas una gran parte de la noche”, además, vuelve a encontrar a la imagen a la Asomada, para conducirla desde allí a la iglesia de San Pedro.

En estas últimas décadas del siglo XIX la banda sufriría altibajos, pero se mantendría en funcionamiento. Conocemos algunos de los directores que estuvieron al frente de ella en esta época: don Gundermaro Baudet (natural de Santa Cruz de Tenerife y autor de muchas composiciones, entre ellas “Ecos de mi tierra”, romanza para tenor, escrita en 1899 sobre letra de Nicolás Estévanez), don José Nolasco Gómez Pérez, don Nicolás García Díaz, don Ángel Hernández González (estos tres últimos vecinos de Güímar) y don Lorenzo Padrón. Aunque no ejerció la dirección, debemos recordar también a un gran amante de la música, el Coronel retirado don Constantino Hernández Rodríguez, quien tuvo mucho que ver con el mantenimiento de la agrupación entre 1894 y 1910, pues con anterioridad había creado y fomentado varias bandas militares y en esos años se volcó con la de Güímar, adquiriendo de su propio peculio instrumentos, atriles y partituras para ella.

La única noticia que sobre la banda tenemos en estos años, la encontramos en el “Album-Guía de Tenerife”, publicado en 1897, donde se nos dice que la procesión de San Pedro “va precedida de una cuadrilla de danzantes vistosamente engalanados, y seguida de la banda de música del pueblo”. Tres años más tarde, en el histórico acto que organizó la corporación municipal, con motivo de habérsele concedido a Güímar el título de la “Villa” y el tratamiento de “Ilustrísimo” a su Ayuntamiento, por Real Decreto de 28 de junio de 1900, tuvo un papel destacado la banda de música local, como se desprende de la sesión celebrada por la Corporación el 12 de julio de ese mismo año, la cual “acordó se celebrase el domingo próximo paseo en la Olaza de la Iglesia , el cual será amenizado por la Banda de música, y que se oficiase al Sr. De un repique general de Campanas en la referida noche en prueba de agradecimiento y aprecio al actual Gobierno, y cuyos gastaos serán subsanados del capítulo de imprevistos”.



"Primera banda dirigida por don Miguel Castillo, hacia 1906. El uniforma se reducía a la gorra."

SOCIEDAD FILARMÓNICA “EUTERPE”

A comienzos de 1904, merced a las gestiones de don Miguel Rodríguez Cervantes, se hizo cargo de la dirección de la banda don Miguel Castillo Alfonso, destacado músico aragonés, a la sazón profesor de clarinete de la banda municipal de música de Santa Cruz de Tenerife. La de Güímar estaba regida en ese entonces por una Sociedad Filarmónica, denominada “Euterpe”, cuyo presidente en 1905 era don Santiago García Olivera, aunque ya contaba con cierto apoyo municipal. En este año continuaba como profesor de música don Ángel Hernández González, quien había sido director de la banda y tenía una academia particular, en la que sostenía todavía unos pocos alumnos, pues la mayor parte de los aficionados ya estudiaban en la academia de la propia agrupación, regida por el maestro Castillo, que en marzo de 1924 tenía 24 alumnos “que prometían mucho”.

La primera promoción de esta nueva banda que salió a la luz, estaba compuesta pro 14 músicos: Ignacio Malledo y su sobrino Rafael, Andrés Reyes, Miguel Rodríguez, Domingo Hernández, Hipólito García, Federico León, Rafael Estévez, Andrés Hernández, Alfonso Hernández, Eulogio Hernández, Isidro García, Lucio Pérez y Domingo Campos. Poco tiempo después, según podemos contemplar en una fotografía que ilustra este trabajo, la plantilla había ascendido a 18 músicos, habiéndose incorporado, entre otros, don Álvaro Díaz Martín; al principio el uniforme se reducía a la gorra, pues parece que no había dinero para otra cosa. Sin embargo en 1910 ya estaba perfectamente uniformada.

A comienzos de 1906 la banda ya había alcanzado un digno nivel musical, por lo que el 25 de marzo de ese año se ofreció a acudir a los festejos que iban a celebrase en Santa Cruz de Tenerife con motivo de la visita de S.M. el Rey Alfonso XIII, precisamente un par de meses antes de su boda. La invitación fue aceptada, y, merced a un artículo periodístico de uno de sus componentes, don Servando Hernández, podemos conocer como le fue a la banda en tan fausto acontecimiento:

“Los sitios señalados a nuestra banda fueron: en la calle de Candelaria, esquina a Barranquillo, por donde pasó la comitiva real, interpretando primero la marcha de infantes al paso de éstos y, seguidamente, la real al avistarse la carroza y el rey de pie, en el coche de caballos sonreía y saludaba con la simpatía resplandeciente de sus 20 años (no sé como sonarían nuestros instrumentos bajo la impresión recibida) cuya comitiva partió desde el muelle por la “marquesina” a la iglesia de la Concepción donde se celebró el Tedeum. También al siguiente día nos designaron la plaza de Weyler frente a la capitanía para saludar al monarca, cuando salía con dirección a La Orotava.

Esa noche dormimos en la sala de sesiones del Ayuntamiento aún si decorar, sobre ¿mullidas? Colchonetas militares tiradas en el suelo; no dormimos, pues ya podéis figuraros la algarabía que formábamos con otros visitantes, todos dispuestos a la juerga, pues con nuestros instrumentos a la mano, cuando alguno tocaba la diana otro le contestaba con la malagueñas.

¿Nuestro traslado desde Güímar? Como en parecida forma que lo hacían los pioneros del lejano Oeste Americano, por polvorienta carretera, todos los carros de la isla se desplazaron desde los más alejados pueblos, formando largas caravanas, incluso en caballerías y hasta a pie”.

Don Miguel logró elevar la banda a una gran altura, y en su seno creó el “Sexteto Euterpe”, del que formaron parte, el propio Castillo (director y violín), don Alfonso Hernández (flauta), don Álvaro Díaz Martín (viola) y don Ignacio González (violonchelo), que fue sustituido en el mismo instrumento por don Domingo Campos; este conjunto amenizaba los distintos actos culturales que se llevaban a cabo en el antigua teatro “González Méndez”, ubicado en ángulo inferior izquierdo de la plaza de San Pedro, por debajo de donde luego se construiría el teatro-cine.

Conviene recordar aquí una nota curiosa de aquella época, y es la llegada a Güímar en abril de 1904, del 2º Batallón del Regimiento de Infantería “Extremadura nº 15” , que se estableció en la localidad con motivo del despliegue militar hecho por el Gobierno a consecuencia de la guerra Ruso-Japonesa. La tropa usó como cuartel la iglesia del ex-convento de Santo Domingo (hoy parroquia del mismo nombre), cedida por el Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis , a petición del Ayuntamiento; por esa razón, las imágenes y demás enseres allí existentes se llevaron a casas particulares. En los meses que permaneció dicho batallón en esta población, aparte de repara el templo-cuartel, que se encontraba en muy mal estado, se construyó un pequeño quiosco al centro de la Plaza del Ayuntamiento, para llevar a cabo conciertos por su propia banda militar. En junio de eses mismo año, el 2º Batallón fue relevado por el 1º, del propio Regimiento, el cual se incorporó a su destino a mediados de dicho mes, lo mismo que su banda, que colaboró con las Fiestas Patronales de San Pedro, que se celebraban días después. Tras la marcha de la tropa, el quiosco continuaría siendo utilizado por ala agrupación musical local, hasta su demolición, años después, al hacerse la reforma de la plaza.

"La Plaza del Ayuntamiento, con el quiosco construido en 1904 para las tocatas de la banda."

A comienzos de 1914, el Ayuntamiento de Güímar pretendió la municipalización de la banda de música “Euterpe”, para lo cual encargó al Secretario de la Corporación, don Aníbal Hernández Mora, que redactara un “Proyecto de Reglamento General de la Banda Municipal de Música, que fue presentado por éste en la sesión plenaria celebrada el 18 de abril de ese mismo año, y cuyo fin principal ere “coordinar las aspiraciones del Ayuntamiento con los no menos respetables intereses y derechos de la sociedad Euterpe”.

En este anteproyecto de reglamento, se proponía que la plantilla de la banda fuese: un director, que percibiría anualmente 1800 ptas.; diez músicos primeros, con una gratificación de 90 ptas. al año, cada uno; y diez músicos segundos, que recibirían 60 ptas., además, existiría el número de aspirantes y educandos que estimase oportuno el director, los cuales no recibirían en principio ningún tipo de remuneración; por otra parte, la banda obtendría la cantidad de 1000 ptas. para atender a los gastos de alquileres, conserje, alumbrado, obras musicales y renovación de instrumentos. El director sería nombrado por el Ayuntamiento, y tendría la obligación de dirigir la banda en conciertos públicos y actos oficiales, así como en los ensayos, que serían como mínimo tres a la semana. El reglamento propuesto tenía 26 artículos, más tres transitorios. La mayor parte de los cuales se referían a las obligaciones del director y los músicos, correctivos, tocatas, sustituciones, etc. En dicha sesión se acordó que una comisión contactara con la sociedad “Euterpe”, para estudiar la viabilidad del proyecto.

"La banda con su primer uniforme, en 1910. Su director, don Miguel Castillo Alfonso."

Días después, el 25 de ese mes de abril, se volvió a llevar al pleno municipal el asunto de la municipalización de la banda de música, pero como hubieron algunos puntos donde no se pusieron de acuerdo los comisionados, volvió a quedar sobre la mesa. Al mes siguiente, en nueva sesión del ayuntamiento de 23 de mayo, vista la imposibilidad de acuerdo con la mencionada sociedad Filarmónica, se estudió la posibilidad de organización de una banda municipal, designándose una comisión compuesta de los Sres. Martín Tejera y Almeida Medina, para que viesen el medio de llevar a la práctica tan importante extremo. Los cierto fue que la propuesta de municipalización condujo a la desaparición de la sociedad “Euterpe”.

A causa de las tensiones surgidas entre los miembros de la antigua sociedad musical, don Miguel Castillo decidió renunciar a la dirección de la nueva banda municipal y abandonar la localidad, a mediados de ese mismo año, 1914. de este modo, vamos a entrar en un período de crisis en la agrupación musical, que se prolongará durante varios años. Para intentar reorganizarla, el 14 de junio dispuso el Ayuntamiento que se anunciase por un período de 60 días, la vacante de plaza de director, dotándose con el sueldo de 1800 ptas; pero mientras no se cubriese, se encargaría de la dirección el que, hasta ese momento, había sido músico y subdirector de la misma, don Alfonso Hernández y Hernández. A éste lo sucedió, como director interino, don Luis Sánchez.

"La banda hacia 1918, estrenando nuevo uniforme. Su director, don José María Peón Requejo."

Hacia 1917 ya estaba al frente de la banda don José María Peón Requejo, pianista andaluz, padre del que luego será destacado compositor, don José Peón Real. Este director le supo dar bastante realce a la agrupación, que llegó a contar con una plantilla de 28 músicos, a pesar de los difíciles momentos que le tocó afrontar; ya que, ante la quiebra económica que sufría, el Ayuntamiento acordó por unanimidad, el 9 de enero de 1918: “Reducir la subvención que por todos conceptos, incluso gastos del Director, percibe la Banda municipal de música, a cincuenta pesetas mensuales”. Para intentar subsanar el anterior acuerdo, en la sesión del 5 de junio del mismo año, “dióse cuenta de una solicitud en que D. José María Peón Requejo, como Director de la banda de música, solicita se subvencione al organismo que dirige con trescientas pesetas, por las tocatas que durante los meses de verano celebre en la plaza pública”; la Corporación acordó que pasase la instancia a informe de la comisión de Hacienda, que , como es de suponer, fue negativo. A pesar de todo, la banda siguió actuando, para regocijo de los vecinos, permaneciendo el Sr. Peón Requejo en ella, hasta el mes de noviembre del año siguiente.

El 3 de diciembre de 1919, se dio cuenta por el SR. Alcalde, don Tomás Cruz Rodríguez, “haber designado con el carácter interino como profesor de Música a don Hugo Pagani, quién viene desempeñando este cargo de principios del mes corriente”. La Corporación aceptó al acuerdo hecho por la Alcaldía y acordó se le asignase la gratificación mensual de 120 ptas. Sin embargo, fue muy corta la actuación del nuevo director con la banda güimarera, pues en la sesión del Ayuntamiento del 24 de marzo de 1920 “el Sr. Alcalde hizo presente que desde primeros del acutal, por incompatibilidades de carácter existentes entre el Director interino de esta Banda municipal, Sr. Pagani, y el personal de la misma, éste se había negado, csis en su totalidad, a asistir a los ensay9os y prestarle su colaboración, siendo ineficaces, cuantos intentos había efectuado cerca de aquellos, para que depusieran su actitud, la cual manifestaron ser irrevocable, por creerse ofendidos injustamente por el Sr. Pagani.

Que en virtud de aquella disposición de ánimo, habíale hablado al dicho Director, reconociendo ambos, ante la insistente intransigencia de los músicos, la imposibilidad de organizar la agrupación musical.

Por lo que, no existiendo en la localidad otros profesionales que los disidentes y hallándose la Banda virtualmente desecha, proponía y así se acordó , cese en su cargo de Director interino el Sr. Pagani. Asimismo, se acordó satisfacerle los honorarios correspondientes al mes en curso como si lo hibuese desempeñado, comunicándosele”.

 

LA GLORIOSA ETAPA DE DON MIGUEL CASTILLO

El 4 de abril de 1920, el entonces alcalde, don Ignacio González García, “propuso y el Ayuntamiento así lo acuerda, que hallándose vacante la plaza de Director da la Banda Municipal de Música, debía proveerse la misma, por concurso entre los profesionales, par lo cual creía conveniente anunciarlo en la prensa de la capital, por el término de ocho días, especificando en el anuncio, la asignación que para dicho cargo figura en el presupuesto, y el plazo para la admisión de las solicitudes”. Al día siguiente, el mencionado alcalde encomendó a su antiguo amigo, don Miguel Castillo Alfonso, que a la sazón era director de la banda de música de Icod, la reorganización de la disuelta banda municipal, a fin de cuando se proveyese la plaza de director, cuyo concurso se hallaba en tramitación, tuviese preparado al personal necesario para empezar a funcionar inmediatamente. Prueba evidente de la eficaz labor del maestro Castillo fue el éxito alcanzado en la tocata verificada el día 3 de mayo siguiente, motivo por el cual, la Corporación , en sesión celebrada al día siguiente, acordó gratificarlo con la cantidad correspondiente aun mes de la asignación anual, que para el director de la banda figuraba en el presupuesto. En pleno celebrado el día 9 de ese mismo mes “se dio lectura al expediente incoado para la provisión de la plaza de Director de la Banda Municipal , según el cuál, resulta no haberse presentado sino una sola solicitud suscrita por don Miguel Castillo Alfonso. En su virtud, la Co 0rporación acuerda por unanimidad, nombrar Director de la dicha Banda al Sr. Castillo con la asignación anual que en el presupuesto de gastos figura par tal cargo, o séase la de dos mil ciento sesenta ptas.”

Simultáneamente, en sesión del 25 de abril anterior, “el concejal don Alfonso Hernández formuló una proposición, según la cual se debía nombrar una Comisión del seno de este Ayuntamiento que inspeccionase e interviniese en todos los asuntos que con la Banda Municipal se relacionaran; acordándose a instancia del Sr. Rodríguez Díaz que en lugar de la Comisión propone el Sr. Hernández, se nombre un Concejal Inspector de aquella entidad; siendo elegido por unanimidad para dicho cargo, el Concejal ya nombrado Don Alfonso Hernández, que a más de ser técnico posee gran entusiasmo por todo lo que con el arte musical se refiere, encargándosele ipsofacto de confeccionar la tarifa que ha de regir para el cobro de las tocatas”. Con fecha de 1 de mayo confeccionó Don Alfonso el proyecto de arancel para la contratación de la banda municipal de música, y el cálculo que sirvió de base para su confección, así como el Reglamento por el que se habría de regir dicha entidad y la academia municipal de música a ella adjunta. De este modo, en pleno del 16 de ese mismo mes se acordó por unanimidad, aprobar la tarifa propuesta por el Concejal Inspector, que eran: por cada procesión, 50 ptas; por serenatas e intermedios, 50 ptas; por entierros y funerales particulares, 50 ptas; por conciertos 50 ptas; por 1 obligación en la festividad de Chinguaro, 60 ptas; or otra en la de El Calvario, 60 ptas; por dos obligaciones seguidas en la festividad de La Peña, 100 ptas; por otras dos en San Juan, 100 ptas; por 6 obligaciones en la festividad de San José de El Escobonal, 375 ptas; por 7 obligaciones en la festividad del Socorro, 490 ptas; y por 10 obligaciones en las Fiestas Patronales de San Pedro, 500 ptas; en dichos precios estaban incluidos el transporte y manutención de la plantilla total de la banda. Se entendía también, que en las comisiones de festejos que contraten la banda para las fiestas de San Pedro, El Escobonal y el Socorro, debería donárselas por el Ayuntamiento con 100 ptas. a cada una.

Al mes siguiente, el 6 de junio de 1920, el Ayuntamiento aprobó en sesión ordinaria el “Reglamento de la Banda y Academia Municipal de música de la Villa de Güímar, presentado por el mencionado Concejal Inspector; acordándose también, que se editasen cincuenta ejemplares del mismo, como así se hizo en la Imprenta de F. Molowny Real de Santa Cruz de Tenerife. Según dicho reglamento, esta agrupación musical se compondría de los siguientes elementos artísticos y auxiliares: un director, que cobraría además del sueldo que le consigne el Ayuntamiento, 1.50 ptas. por cada obligación; tres músicos primeros, solistas, que recibirían 1.20 ptas, por obligación; seis músicos de primera, a razón de 1 ptas,, ocho músicos de segunda, a 0.80 ptas; siete músicos de tercera, a 0.60 ptas; seis educandos aspirantes; un profesor auxiliar de la Academia, que cobraría 1.50 ptas; un archivero repartidor y una conserje, que recibirían 0.40 ptas, por obligación, cada uno. Estaría a cargo del Municipio los sueldos del director, y de los músicos y auxiliares; los gastos de adquisición de instrumental, atriles y demás accesorios, uniformes, obras musicales, papel de música y copias, así como las reparaciones que de todo, justificase el uso. El número de ensayos semanales y de clases en la Academia, sería de tres semanales. El total de los 45 artículos de que constaba el reglamento se dividían en 8 capítulos: Organización, De la Banda, De la Academia, Obligaciones del Director, Obligaciones de los músicos, Del Concejal Inspector, Comisión Permanente, y De las tocatas. Este reglamento anulaba todos los aprobados con anterioridad, y estaba rubricado por el alcalde Don Ignacio González y el secretario accidental don Juan Martín Marrero.

La banda de música ensayaba en el edificio del “Teatro Güímar”, ubicado en el solar de la actual ofician de la Caja de Ahorros de Canarias; allí funcionaba también la Academia, en la que recibían educación musical un crecido número de alumnos; por cuyo motivo, el Ayuntamiento acordó en 9 de noviembre del mismo año, gratificar al mencionado local con 25 ptas. mensuales, en concepto de alquiler.

En esta segunda etapa de don Miguel Castillo al frente de la banda güimarera, volvió a resurgir la orquesta “Euterpe”, compuesta por el maestro Castillo (director y violín 1º), don Álvaro Díaz Martín (viola), don Manuel Delgado Pérez (piano), don Domingo Campos (violoncelo), don Francisco Castro Fariña (contrabajo), don Gonzalo Hernández (clarinete) y don José Avila (violín 2º). Como en su primera etapa, participaba en todos los eventos culturales que se llevaban a cabo en el referido Teatro Güímar y, a partir de 1924, en el nuevo Teatro-Cines de la Plaza de San Pedro.

A través de las actas municipales podemos conocer algunos datos de interés sobre la banda de música; así, en la sesión celebrada el 29 de marzo de 1921, “se acordó modificar el arancel que venía rigiendo para el cobro de las tocatas por la banda de música de este municipio, a fin de que no resulte tan gravoso para éste, quedando redactado en la siguiente forma: procesiones 40 ptas.: serenatas e intermedios, 40 ptas.; entierros y funerales, 50 ptas.; conciertos, 50 ptas.; una obligación por la del Calvario, 60 ptas.; dos obligaciones seguidas por la fiesta de La Peña , 100 ptas.; otras dos por la de San Juan, 120 ptas.; cuatro obligaciones seguidas por la fiesta de San José de El Escobonal, 380 ptas.; diez obligaciones por San Pedro, 500 ptas.; y siete obligaciones por El Socorro, 460 ptas. También se acordó se comunique al Sr. Alcalde de la Capital , que debido a las circunstancias de hallarse casi en formación la Banda de Música y carecer de uniforme adecuado, no podía asistir al concurso que se ha de celebra en aquella población en los festejos de mayo”.

En sesión del 9 de abril de 1922, “a propuesta del Sr. Alcalde se acordó por unanimidad de parecer, ceder gratuitamente la Banda de música de este Ayuntamiento para que amenice uno de los números que en honor del Cristo de Limpias se verificará en los próximos días 22 y del actual, en esta Villa. Fijándose que dicho número sea la “batalla de flores” que se proyecta llevar a cabo”.

En el pleno del día 21 de mayo del mismo año, se debatió el siguiente punto: “Explanada por el Concejal Inspector de la banda de música de este Municipio, Don Alfonso Hernández, una proposición sobre dotar al personal de dicha agrupación de uniforme que le de carácter de colectividad y la redima del antiestético conjunto que ofrece hoy, vestida con el traje civil corriente en su diversidad de colores, se acuerda, después de suficientemente discutida dicha moción y de examinar las diferentes proposiciones hechas por sastres de la capital a dicho Inspector, sobre precio de confección de trajes: que se adquiera por este Concejal de acuerdo con el Director de la Banda , la tela para los uniformes y que éstos se hagan por el sastre de Sta. Cruz de Tenerife Don Santiago González, que es el que ha ofrecido condiciones más ventajosas para este Ayuntamiento”. Un mes después, el 25 de junio, se aprobó la factura, que por la confección de dichos trajes para el personal de la Banda , había presentado el sastre González, la cual sumaba 705.46 ptas.

El 3 de septiembre de 1922, “el Concejal Inspector de la Banda de música, Don Alfonso Hernández y Hernández, manifiesta que, debido a las circunstancias especiales en que ha quedado el mercado de la Europa Central en las post-guerra, se presenta a este Ayuntamiento una brillante ocasión, tal vez única, para adquirir un instrumental de fábrica completo para la banda, por una cantidad en marcos que se aproxima a tres mil pesetas, precio éste de unos cuantos instrumentos hace algunos años…; añadiendo que si el Ayuntamiento halla acertado llevar a la práctica la adquisición de ese instrumental, que sustituya al defectuoso y anticuado de que hoy dispone la banda, se dirigiera a la casa que ha hecho la oferta, a fin de que le ratifiquen el precio dado”. La Corporación se mostró conforme con la adquisición de dichos instrumentos, previa confirmación del precio e informe favorable de la Comisión de Hacienda. Tras estos trámites, merced a la gestión de Don Alfonso y al estudio técnico por Don Miguel Castillo, la banda pudo disfrutar de un nuevo instrumental.

En el pleno de fecha 21 de julio de 1926, el Inspector de la Banda, Sr. Hernández y Hernández expuso la necesidad de modificar el artículo 3º del reglamento, relacionado con las gratificaciones que percibía el personal de la misma, las cuales no se habían aumentado desde su aprobación el 6 de junio de 1920; en dicho proyecto de modificaciones de la tarifa quedarían: el director recibiría 2 ptas., por cada obligación; el profesor auxiliar de la Academia y los músicos solistas cobrarían 1.75 ptas.; los músicos de 1ª, 1.5 ptas.; los músicos de 2ª, de 1.25 ptas.; los músicos de 3ª, 1.0 ptas.; el conserje, 0.75 ptas.; y el papelero 0.5 ptas.; dobles cantidades por la obligaciones que se ejecuten fuera de esta población. “Puesta a discusión la nueva tarifa de gratificaciones, fue aprobada por unanimidad, acordándose se ajuste a ella la consignación para esa atención en le presupuesto futuro”.

Por esta época, la banda colaboraba en las funciones artísticas celebradas en el teatro-cine, donde también se representaban obras de teatro por aficionados locales. Como ejemplo, el domingo 5 de septiembre de 1926, a las 9 y media de la noche, se llevó a cabo una función extraordinaria en dicho local, que comenzó con la sinfonía “Retreta austriaca” de Keler-Bela, por la banda municipal; luego se interpretó la comedia en dos actos y en prosa de Manuel Linares Rivas, titulada “El Abolengos”, y, tras el descanso, “El amor cautivo”, canción árabe de Calvo y Echegoyen; a la terminación tuvo lugar un gran baile. Por curiosidad, pdemos recordar la composición del cuadro artístico: las señoritas Africa C. Suárez, Servando López y Desusa Hernández; las señoras Florinda Campos, Pino Suárez, Zeneida López, Manuela Yanez y Petrona Afonso; y los señores Diego López, Zacarías Acosta, Miguel Fuertes, Ricardo Luque, José Jordi, S. Angulo y Miguel Castillo.

El 19 de marzo de 1927 se vuelven a discutir algunos temas relacionados con la banda de música; en Primer lugar, se le concedieron dos meses de permiso al director don Miguel Castillo; los músico solicitaban un local propio para ensayos de la banda y academia, por existir algunos problemas con el que utilizaban, el teatro-cine de la plaza de san Pedro, donde carecían de la necesaria intimidad y silencio; y, también pedían un nuevo uniforme, por encontrarse en mal estado el que poseían. Este último punto fue atendido prioritariamente, de tal modo, que el 30 de julio del mismo año se aprobó el pago de la hechura de los 25 trajes de la banda, por un importe de 1125 ptas. con respecto al local para la banda y academia, con el deseo de darles la debida independencia, se les habilitó provisionalmente una habitación en la casa consistorial.

“Banda dirigida por don Miguel Castillo, premiada en el célebre concurso insular celebrado en Santa Cruz de Tenerife en 1928.”

 

El celebre concurso de 1928

El 17 de marzo de 1928 el ayuntamiento de Güímar aceptó una invitación del de Santa Cruz, para que la banda acudiese al concurso que se iba a celebrar en aquella capital; por esta circunstancia, siete días después se acordó adquirir nuevas obras musicales e instrumentos, con el fin de que la agrupación local hiciese el mejor papel posible. Así, el domingo 29 del siguiente mes de abril, se celebró el mencionado certamen en la palaza de toros santacrucera, en el que participaron las cinco mejores bandas de música de Tenerife, siendo la pieza de concurso el Preludio del tercer acto de “Lohengrin”. La banda de Güímar que interpretó también la fantasía “Wagneriana”, recibió la más espontánea y cariñosa ovación de la noche y, cuando todo el mundo creía que el primer premio iba a ser para ella, el jurado lo declaró desierto, dando tres segundos premios, de 1000 ptas., cada uno, que fueron para la bandas de Icod, Güímar y La Laguna , por este orden. El veredicto originó un abucheo general del público y la protesta de todas la agrupaciones, excepto la más favorecida, las cuales no participaron en el desfile que debía tener lugar después del certamen, por las principales calles de Santa Cruz; y asimismo, en el concierto que por la noche se había previsto en la Plaza de la Constitución , sólo actuó la banda de Icod de los Vinos. Tras este días, se desató una enconcada polémica periodística, en la que intervinieron: don Tomás Cruz García, alcalde de Güímar; el director de la banda lagunera, don Francisco Bás; el director de la de Icod, don Juan Reyes Bartlet; don Santiago García Sanabria, alcalde de Santa Cruz de Tenerife; el escritor Nijota; y don Miguel Castillo, con quien se cerró la discusión.

“Bandas de Güímar y La Laguna , anidasen la Plaza de San Pedro en el homenaje que se le tributó al Maestro Castillo el día 6 de mayo de 1928.”

El domingo 6 de mayo, la banda municipal de Güímar dio un concierto en la Plaza de San Pedro, siendo obsequiada luego con un banquete en el teatro-cine, como homenaje a la actuación de su inteligente y digno director. A este acto se sumó espontáneamente la banda de La Laguna, que fue recibida de forma apoteósica en dicha villa. Tras actuar ambas agrupaciones y ser espléndidamente agasajadas, tomaron la palabra el alcalde don Tomás Cruz , el maestro Castillo, el alcalde de La Laguna, Sr. Martínez, y el ilustrado sacerdote don Miguel Pérez Remón, quien hizo una brillante semblanza del veterano director homenajeado. Se reconocía así, por el pueblo y las autoridades, el premio que el jurado no quiso conceder.

Una año después del célebre acontecimiento, fallecía en su domicilio de Güímar el admirado maestro don Miguel Castillo Alfonso, pérdida irreparable, no sólo para la banda, sino para la localidad entera, que lo acompañó masivamente a su sepelio; que tuvo lugar al día siguiente, presidido por la Corporación municipal y por dicha agrupación musical.

 

LA BANDA EN LA SEGUNDA REPUBLICA

Tras el fallecimiento del director, la banda va a entrar en una etapa de crisis, que se prolongará más de una década. En un principio asumió la dirección el músico solista y subdirector de la misma Don Álvaro Díaz Martín, que fue sustituido en diciembre de ese mismo año por el nuevo director interino, don Tomás García Castro, conocido por don Tomás “Alós”, experto músico lagunero que dominaba el violín, piano y clarinete; a quien, se le vino a encargar la confección de su uniforme el 1 de marzo de 1930. La banda comenzó su lenta reorganización, que todavía no se había culminado a fines de dicho mes de marzo, pues en esos días se rechazó la invitación del presidente de la Comisión de Fiestas de Santa Cruz, para asistir un alarde musical, “por estimar que la Banda local no se halla en estos momentos en condiciones de asistir a una certamen de la importancia del que intenta celebrase”. Desde que el Sr. García Castro se posesionó de su cargo, desarrolló una intensa labor en la organización del archivo musical, a la que dedicó muchas horas de paciente y meritoria dedicación, que le fue reconocida por la Corporación el 13 de septiembre de 1930, fecha en la que se acodó gratificarlos con 750 ptas., por dichos trabajos.

Para intentar paliar los primeros problemas que surgieron, el 11 de enero de 1930, el Ayuntamiento, a propuesta del Concejal Inspector de la banda, don Alfonso Hernández, acordó comprar una trompeta nueva, y adquirir el clarinete que utilizaba el músico solista y profesor auxiliar de la academia, don José García Rufino, que era propiedad del Sr. Castillo, así como el repertorio musical y varios útiles de la banda de la misma pertenencia, así, en sesión del 17 de mayo, la comisión permanente, “considerando que el número e importancia de las obras que componen la expresada colección musical, que es por otra parte la que conoce y ejecuta la Banda Municipal, y la magistral instrumentación que a casi toas las partituras hizo el Sr. Castillo, le dan en conjunto una valoración que excede a la que hecha por bajo de los tipos corrientes ha presentado el referido SR. Concejal Inspector, por unanimidad acuerda proponer a los herederos del Sr. Castillo Alfonso la compraventa de las catalogadas piezas musicales…”. Dichas obras eran: 9 oberturas, 18 fantasías, 54 obras de concierto, 71 bailables, 57 pasodobles, 69 marchas, y 7 obras religiosas; por un importe total de 1672,5 ptas.

El 12 de julio de 1930, el Ayuntamiento resolvió anunciar a concurso la provisión de la plaza de director de la banda y academia de música, dotada con el haber anual de 3930,12 ptas., estableciéndose las bases correspondientes. El expediente se resolvió el 12 de septiembre de ese mismo año, resultando del mismo que sólo concursaron dos aspirantes, el que había ocupado los cargos interinamente, don Tomás García Castro, y don Antonio Osorio y Recco. Por unanimidad se eligió a este último como propietario del cargo concursado y con los emolumentos anunciados, “por concurrirle las circunstancias y condiciones que sirvieron de base al concurso en el orden de preferencias”, y se acordó concederle un mes de plazo para la toma de posesión, aunque por la alcaldía se expresó la conveniencia de que ello tuviera efecto el uno del siguiente mes de octubre, a efectos de contabilidad municipal. Por esta época, la banda y academia ya tenían local propio, un salón situado en la planta baja del Ayuntamiento, que había sido pavimentado con mosaicos y se le habían abierto huecos sobre la plaza, para darle suficiente luz y adecuada ventilación.

El 31 de enero de 1931, a propuesta del director Sr. Osorio, se acordó crear otra plaza de profesor auxiliar de la academia, nombrándose para ocuparla al músico de primera don Francisco Tubells Hernández, que había comenzado a prestar sus servicios desde el día 17 de dicho mes. Un año después, el 20 de enero de 1932, el Ayuntamiento acordó formar una comisión que procurase conciliar las desavenencias internas de la banda, que habían provocado la suspensión del concierto que se debía de haber celebrado el domingo último en la Plaza de la República ; los problemas se prolongaron algunos meses, pues hasta comienzos de junio, la banda había dejado de tocar en los domingos fijados previamente por el Ayuntamiento.

“Las fiestas de San Pedro debieron siempre a gran parte de su espelendor a la participación de la banda de música local.”

El 15 de marzo de 1933 se proveyó la plaza de vigilante de arbitrios que , a propuesta del Sr. Osorio, se concedió al exmúsico militar don Juan Casas Sánchez, pues así se adquiría también un nuevo músico para la bande de música, especializado en el trombón, aunque también era apto para el bombardino y otros instrumentos. Por otro lado , el 3 de mayo de 1933, el Ayuntamiento acordó cambiar la hora de las tocatas que la banda verificaba los domingos, pasándolas provisionalmente a la tarde, en lugar de por la noche como lo venían haciendo; la propuesta fue defendida por don Florentín García Campos, con el fin de “acomodar en el tiempo los diversos espectáculos que se celebran cada domingo par que a todos pueda asistir el público que lo desee, pues con su proposición, el público tendrá fútbol de 3 a 5, paseo de 5 a 7 y cine alas 8 y media, pudiendo así cada persona ir a todo”. La medida no tuvo el éxito esperado, ya que a la nueva hora asistía menos público, por lo que el anterior acuerdo fue revocado el 17 de ese mismo mes.

En este último día, el 2.º Teniente de Alcalde e Inspector de la banda de música, don Juan Martín de la Rosa, solicitó que se incrementase el crédito existente para la banda, con el objeto de dotarla de uniforme, pues “el actual vestuario data de más de diez años y se halla muy deteriorado y anticuado de corte, ofreciendo la Banda un ridículo aspecto y que por otra parte algunos músicos carecen de uniforme”; la propuesta fue aprobada pro unanimidad. El 3 de noviembre de 1933, el nuevo Concejal Inspector de la banda, don Román Pérez y Pérez, propuso que si no se compraba un nuevo uniforme par ésta, que se autorizase a los músicos para vestir su traje ciudadano; a ello que se accedió el 13 de diciembre.

A comienzos de abril de 1934, ante la renuncia del director propietario, don Antonio Osorio y Recco, la comisión permanente del Ayuntamiento nombró subdirector de la manga, encargado de la dirección, al músico de primera don Manuel Delgado Pérez. A pesar de reiteradas propuestas del Concejal Inspector, de que se proveyese dicha plaza lo antes posible, va a quedar vacante hasta el año siguiente. El 9 de mayo de ese mismo año, el Ayuntamiento estudió un escrito de los músicos de la banda, en el que consignaban su protesta por la indiferencia con que, según ellos, venía siendo tratada dicha agrupación; tras un largo debate, se acordó aumentar un ensayo más a la semana, adquirir un nuevo uniforme y que siguiese dirigida accidentalmente por don Manuel Delgado hasta su provisión en septiembre u octubre. Lo cierto es que las medidas tuvieron su efecto, pues el 30 de mayo, el Concejal Sr. Pérez Pérez “se complace como Inspector de la Banda en hacer presente que ésta se halla reorganizada, habiendo solicitado su ingreso en la misma los excelentes músicos, don Álvaro Díaz Martín y don Agrícola González Toste, y que dicha Banda en una se sus reuniones últimas había designado a los músicos don Cristóbal Díaz Martín y don Francisco Castro Fariña por vocales de la Comisión permanente de que habla el Reglamento de la Banda”. En la misma sesión, y en vista de que el actual encargado de la dirección se había negado a que se le gratificase, se decidió que prestase servicio de profesor en la Academia de Música, percibiendo 2 ptas., por cada sesión o clase a que concurriese.

En agosto del mismo año se tropezó la banda con un nuevo escollo, la ausencia del músico don Jesús Martínez Gascón, clarinete principal de la misma y profesor auxiliar de la academia, que la dejaba casi imposibilitada para ejecutar obras de envergadura. Para este último cargo fue nombrado don Álvaro Díaz Martín “en quién concurren descolladas aptitudes para ello”. A pesar de todos los contratiempos, la banda siguió dando sus conciertos y actuando en las fiestas de San Pedro y El Socorro, y en las de los distintos barrios.

El 5 de diciembre de 1934, se aprobó una propuesta del Concejal Inspector, don Román Pérez, “con el fin de atemperar a la forma en que actualmente actúa la Agrupación, que carece de Director, vista la deficiencia de las asignaciones a los músicos, según la cual se aumentaron las gratificaciones en ensayos y tocatas por cuenta del Ayuntamiento, y las obligaciones por cuenta de particulares. Estaba todavía encargado de la dirección don Manuel Delgado Pérez, quien fue sustituido ese mismo mes por don Manuel Hernández Martín, excelente músico lagunero que más tarde sería director del orfeón la Paz de su ciudad natal; sin embargo, la labor de este director fue efímera, ya que sólo permaneció al frente de la banda hasta la disolución de ésta en abril del siguiente año.

Y llegó el triste momento, el día más negro de la historia de la banda de música, el 3 de abril de 1935, en el cual la Corporación municipal, a causa de las graves dificultades económicas por las que atravesaba el Ayuntamiento, tomó, entre otros destinados a recortar los gastos del presupuesto, el siguiente acuerdo.

“Suspender el funcionamiento de la Banda de Música, con la subsiguiente supresión de haberes a todo el personal, desde el uno de Mayo próximo hasta el treinta de Octubre del corriente año. Llegada esta última fecha la Corporación a vista de las circunstancias adoptará la resolución oportuna.

La Corporación, animada del mejor deseo de que la Banda no pierda si es posible su cohesión y funcionamiento pondrá a disposición de su actual Director, o de quién de entre de los elementos de aquella suman las funciones directoras, previa petición, el salón de ensayos, luz instrumental, partituras y demás enseres y útiles de su servicio, durante todo el tiempo de la suspensión de la Banda como Organismo municipal, quedando el producto de las tocatas que ejecutan, a beneficio de sus componentes.

La academia de música seguirá su funcionamiento en la misma forma que actualmente.

Los uniformes quedarán durante el tiempo de la referida suspensión en poder de sus actuales poseedores que no hagan expresa renuncia de sus cargos”.

Para intentar mantener a la banda en funcionamiento, el Concejal Inspector Sr. Pérez y Pérez propuso el 1 de mayo la formación de una comisión que cooperase con los miembros de aquella, para organizar un patronato con su posible reglamentación y desenvolvimiento.

“El teatro-cine de Güímar, testigo de una gran parte de la historia musical de la localidad.”

Sin embargo los músicos rechazaron esta solución y el Ayuntamiento acordó el 5 de junio que se recogiesen y almacenen todos los uniformes e instrumentos, que se hallasen en poder del personal de la desorganizada agrupación. El resultado de esta drástica decisión no se hizo esperar, desatándose una fuerte polémica periodística, pues muy poca gente comprendía que la situación fuese tan grave como para tomar tal medida; en este sentido, se publicaron artículos de don Palmiro Yanes Frías, de un tal “Juan de Güímar”, de “un forastero”, de “Pedro el de Chacaica”, de don A. Hernández Pérez, etc. Lo cierto fue que, a pesar de la protesta vecinal y de los infructuosos intentos del Concejal don Román Pérez, quien presentó varios nuevos proyectos sobre funcionamiento de la banda y academia, ésta permaneció disuelta casi dos años.

 

LA BANDA EN EL MOVIMIENTO

El 28 de octubre de 1936, la Comisión Gestora, presidida por don Juan Chávez Cejas, trató por primera vez de la banda de música: “El Sr. Presidente dijo, que para nadie es un secreto la forma en que la Banda de Música de este Ayuntamiento, que fue una de las mejores de la isla, en declinación vergonzosa que nadie supo ni pudo detener, acabó en completa desaparición. Para explicar esta ruina, dijo, unos lo achacan a haberse convertido en una agrupación política más que artística, otros los atribuyen a falta de recursos del ayuntamiento; otros a rencillas interiores de sus componentes y algunos, al poco acierto en la designación de sus directores; pero yo aseguro a la Comisión que la cauda de ello fue la falta de patriotismo. Con patriotismo, la Banda de Güímar añade, aún estuviera prestigiando con su labor de arte nuestro solar, pero la Banda, como todo, se había mercantilizado en el ambiente materialista que nos asfixiaba, actuaba, más por estímulos de cobro, hora de trabajo, jornada legal y jurado mixto, que por los de alta espiritualidad, arte y amor a la tierra. La Banda naufragó en la misma tempestad en que se hundían la Religión, la Historia, el civismo, el hogar, la familia, las buenas costumbres, el respeto a los mayores y el orden social. Prueba de ello Sres. de la Gestora es que hoy, cuando en estos aires renovados no es un delito amar a España y ser patriota; los hombres afiliados a Acción Ciudadana, sin recursos, sin Director de fuera, son propósitos de lucro, movidos solamente por el patriotismo que estaba ausente, quieren organizar la Banda, evitar la vergüenza de tener que traer Bandas de fuera para animar nuestras fiestas y a fin de que sean pechos güimareros los que pregonen en este pueblos con las voces de los clarines, en el día cercano del triunfo, los himnos de la victoria. Para conseguir esos es preciso que por este Ayuntamiento se les facilite el instrumental que hoy está abandonado y algún material y partituras, los que propone a la Comisión, para si tiene a bien acordar por amor a este pueblos y al arte musical”. Tras amplia discusión, en la que se hizo constar, que dicho préstamo debía hacerse con las garantías de recibo de cuanto se entregare, se acordó por unanimidad, conceder en préstamo a Acción Ciudadana, cuantos elementos de banda posee este Ayuntamiento y l e fuesen necesarios a dicha Agrupación para la reorganización de la Banda, procurando que ello fuera compatible con la existencia de la Academia para la enseñanza musical.

Una año después, el Ayuntamiento creyó llegado el momento de recuperar la banda de música, por lo que en la sesión del 21 de julio de 1937, “el Sr. Presidente manifestó que una de sus preocupaciones desde su advenimiento a la vida pública ha sido el que esta villa tenga Banda de Música, sin cuya colaboración todo espectáculo es triste, pobre e incoloro; que debido a este afán organizó en Acción Ciudadana con los músicos afectos al Movimiento Nacional, el Grupo musical que ha venido actuando lisonjeramente y con aplauso público en cuantas manifestaciones, actos y desfiles han venido sucediéndose, dándoles realce y brillantez, pero considerando que el sacrificio que esos buenos patriotas y artistas se imponen al tratar de constituir ahora la Banda de Música de Güímar, debe ser tenedlo en consideración por quien esté obligado, en este caso la gestora, y sobre todo para que la juventud amante de la música encuentre modo de instruirse en ella en Centro profesional, propone a su resolución acuerde conceder a dicha Banda una subvención de doscientas sesenta ptas., a que según cálculo hecho por el que ha sido Director de ella don Manuel Delgado Pérez, ascienden los gastos que de momento ocasionar sus sostenimiento.

Leyó el Sr. Presidente dicho cálculo de gastos, éstos se distribuyen así: un músicos Director de la Banda 50 ptas. mensuales, un músico encargado de la academia, 20 ptas; 20 músicos con asistencia a 8 ensayos, 160 ptas; 1 músico encargado del archivo y reparto, 8 ptas; 1 músico encargado de la conserjería, 8 ptas; y para material y otras necesidades, 14 ptas; en total 260 ptas. Y declaró abierta la discusión.

Y existiendo unánime apreciación en los señores gestores acerca de la conveniencia y necesidad de que Güímar posea una Banda de Música, pues otros pueblos de menor importancia la tienen, par lo cual se hace preciso el auxilio económico del Ayuntamiento, la Comisión Gestora acordó subvencionar a partir del día uno de Agosto próximo a la dicha Agrupación con las meritadas ptas. 260, siempre que dicha Bandea actúe y con la obligación por su parte de concurrir a cuantos actos sea requerida por la corporación, así como amenizar los paseos en la plaza principal y otros espectáculos”.

Sin embargo, la banda no mantuvo la continuidad esperad, volviendo a desorganizarse, razón por la cual vuelve a ser traído el tema al Ayuntamiento el 19 de enero de 1939: “el Sr. Presidente, manifestó que recogiendo lo que es deseo de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS y siguiendo el dictado de su propio pensamiento, se honraba en proponer a la Gestora adopte el acuerdo de poner en funcionamiento la Academia y Banda de Música, plantel necesario, dice la Academia, para reponer las bajas, que en la Banda produzca la ausencia, la edad e inutilización para el arte, de sus componentes, y organismo, la Banda, sin el cual todo espectáculo es pobre, son gracia ni emoción.

Añade, que bien comprende que la Banda que ahora se forme, no puede ser aquel conjunto artístico que años atrás pudo asistir airosamente hasta en torneo de extensión insular, sino una agrupación modesta de buenos patriotas, que al ejecutar los himnos de la Revolución y las alegres marchas militares, haga vibrar nuestro pueblo, con el entusiasmo de los días triunfales y amenicen las procesiones y fiestas locales, ya que lo demás será andado con la perseverancia y el trabajo, declarando abierta la discusión.

Debatido el asunto, como resumen de la controversia, la Gestora resuelve, por unanimidad, conforme con la propuesta presidencial, acordar la Apertura de la Academia de Música y la organización de la Banda, autorizando el Alcalde Presidente, para que haga cuantas gestiones le sugiera su buen criterio y esté a su alcance, para dar eficacia a lo acordado; proponiendo los nombramientos que se consideren necesarios y la forma de llevar a término todo lo concerniente a este asunto”.

A partir de ese momento, la banda de música de Güímar va a tener continuidad hasta nuestros días. La dirección va a ser asumida por el que lo había hecho en anteriores ocasiones, don Manuel Delgado Pérez, quien tien que afrontar las dificultades de la guerra, pues gran número de los antiguos músicos cumplían por entonces con sus deberes militares; por este motivo, la banda atravesó, en 1939 y 1940, momentos de franca decadencia artística, pues no podía sacar con la suficiente rapidez músicos para los instrumentos de madera, que eran frecuentemente movilizados. Así, en algunas ocasiones, se contrataban músicos de fuera, como se hizo el 1 de junio de 1939 con don Segundo Ferrera, a quien e le pagó por sus servicios en las tocatas de la fiesta de la Victoria.

Como hemos visto, fue ésta una etapa poco activa, en la que la labor de la banda quedó reducida a cumplir las obligaciones locales. Sucedió a don Manuel Delgado Pérez, en la dirección accidental de la misma, el también músico primero, don José Antonio Aguilar Delgado.

 

ETAPA DE LOS AÑOS 40

En el acta de la sesión celebrada por la Comisión Gestora, el día 19 de septiembre de 1941, podemos leer: “Leída la instancia de Don Pedro Raventós Gaspar, vecino de Santa Cruz de Tenerife, de fecha 12 del corriente, en súplica de que se le nombre Director de la Banda de música de este Municipio, el Señor Presidente declaró abierto a la discusión, y la Comisión como resumen de la misma, previo reconocimiento de ser indispensable para el resurgimiento de la Banda de música local, que arrastra vida lánguida e incolora, el que a su frente de halle persona que le imprima nervio y acción, y en atención a los informes y referencias particulares que se tienen del solicitante; acordó nombrar a este músico, encargado de la Dirección interina de la dicha Agrupación, con el haber mensual de cuatrocientas pesetas, entretanto desempeñe esa Dirección, señalándose pro la Alcaldía palazo prudencial para la toma de posesión”.

Don Pedro Raventós Gaspar, pianista y músico militar, hizo resurgir la banda y la afición musical de Güímar durante el tiempo que permaneció en l a localidad. En 1943 creó los coros “Amigos del Arte”, los cuales, junto con el cuadro artístico y la banda de música organizaban veladas artísticas en el teatro-cine, que todavía son recordadas hoy día. Con todos ellos se constituyó el “Patronato Amigos del Arte de Güímar para la protección y fomento de la Bellas Artes”, el día 18 de enero de 1944, que agrupaba a la banda, coral, orfeón, agrupación de cuerdas y sección de teatro. La vigencia de este patronato se ha mantenido hasta mediados del año 1994, en el que la banda se convierte en Asociación Cultural. Sin embargo el éxito más recordado de don Pedro fue la representación de la zarzuela “La Dolorosa” en el teatro-cine de Güímar y en el Teatro Guimerá, en lo que tuvo mucho que ver la participación de la banda.

El 30 de abril de 1944, pocos días después de su éxito en el teatro de la capital, cesó el Sr. Raventós en la dirección, siendo sustituido por don Rafael Díaz García, también pianista, natural de Huéscar en la provincia de Granada, quién permaneció al frente de la agrupación hasta junio de 1946. En este mes, una semana antes de las Fiestas de San Pedro, se designó director de la banda a do Rafael Márquez Campos, hijo de Güímar, en aquella época músico del Regimiento de Infantería de Tenerife y director invitado en la banda Nivaria de Arafo.

“La banda hacia 1950, a poco de acceder a la dirección don Rafael Márquez.”

Cuando don Rafael tomó posesión, contaba la banda con sólo 17 músicos, comenzando a partir de entonces una difícil, pero fructífera, labor de academia, que permitió ir incrementando la plantilla y elevar a gran altura la calidad del conjunto. De este modo, en 1952, ya contaba con treinta músicos, y amenizaba todos los actos culturales y de ambiente popular que se celebraban en el municipio. En 1966, componían la plantilla de la banda, 36 profesores.

“Banda que obtuvo el primer premio en el concurso insular celebrado en Santa Cruz de Tenerife en 1958. Su director, don Rafael Márquez Campos.”

La tenacidad del Sr. Márquez en lograr una agrupación digna de la tradición musical de esta población, se vio coronada por los mayores éxitos: el 11 de mayo de 1958, obtuvo el primer premio en el Concurso Insular de Bandas de Música, celebrado en Santa Cruz de Tenerife con motivo de las Fiestas de la Primavera ; en 1960 alcanzó el segundo premio en el mismo certamen; y en las Fiestas de Mayo de 1969 se volvió a alzar con el primer premio, en el concurso organizado en homenaje al maestro don José Mará Tarridas, autor del pasodoble “Islas Canarias”, que tuvo lugar el día 3 de dicho mes a las 12 del mediodía. Con motivo de este último triunfo, se le hizo un homenaje a la banda en los jardines del Ayuntamiento, interviniendo el Sr. Alcalde don Pedro Guerra, la banda de música del Regimiento de Infantería de Tenerife nº 49, dirigida por don Santiago Reig, la banda galardonada y el escritor don Manuel Perdomo Alfonso, quién disertó sobre “El ayer de las Bandas de Música en Tenerife”.

“Banda ganadora del primer premio en el concurso insular de 1969, también bajo la dirección de don Rafael Márquez.”

En esta larga etapa, la banda ha recorrido casi todos los pueblos y ciudades de Tenerife, habiéndose desplazado también en una ocasión a San Sebastián de La Gomera, colaborando en multitud de actos culturales, fundamentalmente alarde y certámenes musicales, que le han valido un merecido prestigio en el ámbito provincial y fuera de él.

Insistimos una vez más, en que una de las facetas más importantes de la música local, es la potenciación de la academia; en esa labor destacó sobremanera don Rafael, ya que formó a varias promociones de buenos profesionales repartidos en aplaudidas formaciones de la Península e Hispanoamérica. Como recompensa a este arduo trabajo, se le concedió por el Ayuntamiento, según acuerdo plenario de 28 de septiembre de 1978, la Medalla de Plata de la ciudad.

“La banda a finales de loas años 70.”

En septiembre de 1980, decide retirarse de la dirección, tras permanecer 34 años en ella, siendo sustituido al mes siguiente por don Francisco González Afonso; este excelente músico, natural de santa Cruz de Tenerife y vecino de Güímar, es titular de la carrera de piano, habiendo cursado estudios superiores en el Conservatorio Provincial de la capital; ha heredado su bien hacer musical su hijo, Moisés González de la Rosa, quien pese a su juventud, ya ha alcanzado renombre regional y nacional como pianista. Don Francisco estuvo menos de dos años al frente de la banda, pues cesó en ella en el mes de julio de 1982.

Desde esta última fecha se hizo cargo de nuevo de su antigua agrupación, don Rafael Márquez Campos, quien consiguió que la banda volviera a alcanzar su anterior prestigio, llegando a contar con más de 50 músicos. En cuanto a la academia, volvió a impartir, solfeo e instrumental a otros 50 educandos, para lo que contó con un profesor ayudante. Fruto de esta gran cantera fue la formación en su seno de una grupo juvenil, de vida efímera, que desde finales de 1985 hasta mediados de 1986 realizó algunas actuaciones en distintos puntos del municipio, dirigido por el músico don Francisco Pérez Marrero. También hay que destacar, que desde mayo de 1984 se abrió una filial de la academia municipal de música en El Escobonal, donde impartió enseñanzas un antiguo músico de la banda, don Silvestre Expósito. También es justo recordar, que en esos años 80 el Ayuntamiento adquirió para ella un considerable número de instrumentos, y la dotó de un nuevo uniforme.

Como reconocimiento a esta dilatada y brillante historia musical, el Ayuntamiento de Güímar acordó, en sesión celebrada el día 22 de noviembre de 1984, conceder la Medalla de Plata del municipio a la Banda de Música de la localidad, que le fue entregad, en la persona de su director, en acto público celebrado dos días después en le Cinema Los Ángeles, en el marco de la Festividad de Santa Cecilia, Patrona de la Música. En dicho acto se entregó igual distinción a la agrupación vocal e instrumental “Amigos del Arte” y a su director don Herold Domingo Díaz Martín.

 

ASOCIACIÓN CULTURAL PATRONATO AMIGOS DEL ARTE DE GÜÍMAR

 

El material expuesto ha sido extraído del libro “Apuntes para la Historia de la Música en Güímar” escrito por D. Octavio Rodríguez Delgado, cronista oficial de Güímar.